{"id":334815,"date":"2020-02-15T01:00:00","date_gmt":"2020-02-15T00:00:00","guid":{"rendered":"https:\/\/medizinonline.com\/existen-muchos-mitos-al-respecto\/"},"modified":"2020-02-15T01:00:00","modified_gmt":"2020-02-15T00:00:00","slug":"existen-muchos-mitos-al-respecto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/medizinonline.com\/es\/existen-muchos-mitos-al-respecto\/","title":{"rendered":"Existen muchos mitos al respecto"},"content":{"rendered":"<p><strong>En pacientes renales sanos, beber lo suficiente puede reducir el riesgo de disfunci\u00f3n renal. En la insuficiencia renal cr\u00f3nica, los efectos de la ingesta de l\u00edquidos dependen, entre otras cosas, del estadio de la enfermedad. El consumo de sal tambi\u00e9n desempe\u00f1a un papel importante.<\/strong><\/p>\n<p> <!--more--> <\/p>\n<p>La prevalencia de la insuficiencia renal cr\u00f3nica es mayor en las personas mayores. Las recomendaciones diet\u00e9ticas suizas para los adultos mayores se\u00f1alan que la cantidad de bebida puede reducirse a menudo debido a una menor sensaci\u00f3n de sed en la vejez [1]. La Sociedad Alemana de Nutrici\u00f3n recomienda al menos entre 1,5 y 2,5 litros de l\u00edquido al d\u00eda como pauta aproximada, aunque la necesidad individual de l\u00edquidos var\u00eda en funci\u00f3n del estado de salud y la actividad f\u00edsica, as\u00ed como de otros factores [2]. Los an\u00e1lisis del comportamiento de consumo de alcohol tambi\u00e9n deben tener en cuenta la cantidad de l\u00edquido excretado en la orina o a trav\u00e9s de la secreci\u00f3n de sudor, as\u00ed como la ingesta de sal, explic\u00f3 el Prof. Dr. med. Peter Mertens, Magdeburgo (D) [3].<\/p>\n<h2 id=\"influencia-de-la-conducta-de-beber-con-una-funcion-renal-normal\">Influencia de la conducta de beber con una funci\u00f3n renal normal<\/h2>\n<p>Se ha demostrado emp\u00edricamente que beber mucho es beneficioso en los enfermos renales sanos, ya que se suprime la secreci\u00f3n de la hormona antidiur\u00e9tica (ADH). Seg\u00fan los datos de dos estudios transversales en la poblaci\u00f3n general (n=2744, n=2476), la incidencia de enfermedad renal se reduc\u00eda en un 50% al beber diariamente 3,2&nbsp;l\/d\u00eda frente a 1,8&nbsp;l\/d\u00eda (OR 0,50; IC 95% 0,32-0,77). El consumo de bebidas se encuest\u00f3 mediante un cuestionario, los encuestados ten\u00edan &gt;50 a\u00f1os. Los autores concluyen que una mayor ingesta de l\u00edquidos es un factor protector con respecto a la enfermedad renal cr\u00f3nica [4]. Que no es irrelevante qu\u00e9 bebidas se consuman habitualmente lo demuestran los datos de un estudio prospectivo (n=3003) de EE.UU. publicado en 2019. Seg\u00fan esto, el riesgo de enfermedad renal cr\u00f3nica aumenta en un 61% con el consumo regular de bebidas azucaradas durante un largo periodo de tiempo (OR 1,61; IC 95%: 1,07-2,41). En general, el 6% desarroll\u00f3 una enfermedad renal cr\u00f3nica durante un periodo medio de seguimiento de ocho a\u00f1os. El consumo de bebidas se evalu\u00f3 mediante cuestionario, y la edad media al inicio del estudio era de 54 a\u00f1os. Para eliminar los factores de confusi\u00f3n, se realiz\u00f3 una estratificaci\u00f3n con respecto a la TFGe al inicio, los factores demogr\u00e1ficos, los factores de estilo de vida y otros aspectos. La evaluaci\u00f3n posterior mediante an\u00e1lisis de regresi\u00f3n y ACP (&#8220;An\u00e1lisis de Componentes Principales&#8221;) mostr\u00f3 lo siguiente: El riesgo de enfermedad renal cr\u00f3nica era un 61% mayor con un mayor consumo de bebidas azucaradas (OR 1,61; IC 95%: 1,07-2,41). La enfermedad renal cr\u00f3nica de nueva aparici\u00f3n se defini\u00f3 como la siguiente constelaci\u00f3n: TFGe &lt;60&nbsp;ml\/min por 1,73&nbsp;m2 y \u226530% de disminuci\u00f3n de la TFGe en comparaci\u00f3n con los valores basales (TFGe \u226560&nbsp;ml\/min por 1,73&nbsp;m2). Los autores concluyen que se necesitan m\u00e1s estudios para averiguar m\u00e1s sobre la relaci\u00f3n entre los patrones de consumo\/tipo de bebida y el riesgo de enfermedad renal cr\u00f3nica como base para unas recomendaciones diet\u00e9ticas adecuadas [5].<\/p>\n<h2 id=\"enfermedad-renal-debe-reducirse-el-consumo-de-sal\">Enfermedad renal: Debe reducirse el consumo de sal<\/h2>\n<p>En la insuficiencia renal cr\u00f3nica, los ri\u00f1ones sufren da\u00f1os permanentes. Como consecuencia, el tejido se deteriora gradualmente, por lo que la funci\u00f3n de los ri\u00f1ones sigue disminuyendo. Esto puede deberse a enfermedades renales cong\u00e9nitas o adquiridas, as\u00ed como a la diabetes. La disminuci\u00f3n de la actividad renal provoca diversos trastornos en el organismo. Por ejemplo, en la sangre se acumulan sustancias ur\u00e9micas como la urea, el \u00e1cido \u00farico o la creatinina, que son t\u00f3xicas en concentraciones elevadas. Normalmente, estas sustancias se eliminan a trav\u00e9s de los ri\u00f1ones en la orina. La p\u00e9rdida de tejido renal tambi\u00e9n provoca alteraciones en el equilibrio h\u00eddrico, electrol\u00edtico y hormonal. Las consecuencias son anemia, hipertensi\u00f3n arterial y una mayor p\u00e9rdida \u00f3sea (osteopat\u00eda renal). La tasa de filtraci\u00f3n glomerular estimada (TFGe) se considera un par\u00e1metro para la evaluaci\u00f3n cl\u00ednica del grado de disfunci\u00f3n renal <strong>(tab.&nbsp;1)<\/strong>. En pacientes con enfermedad renal cr\u00f3nica en fases previas a la di\u00e1lisis, el aumento del consumo de agua se asocia a una mejor funci\u00f3n renal en diversos estudios observacionales [6]. Por el contrario, un ensayo aleatorizado en pacientes con ERC en estadio 3 (TFG 60-30&nbsp;ml\/min\/1,73&nbsp;<sup>m2<\/sup>) publicado en JAMA en 2018 no logr\u00f3 demostrar un beneficio del aumento de la ingesta de agua. A los pacientes de un grupo (n=316) se les indic\u00f3 que bebieran m\u00e1s agua, mientras que al grupo de control (n=315) se les dijo que mantuvieran su ingesta de l\u00edquidos anterior. Que el grupo verum hab\u00eda bebido realmente m\u00e1s l\u00edquido era evidente por el mayor volumen de orina de 24 horas, que era 0,6 l superior al del grupo de control. El cambio medio en la TFG fue de -2,2&nbsp;ml\/min\/1,73<sup>m2<\/sup> en el grupo que aument\u00f3 la ingesta de l\u00edquidos y de -1,9 ml\/min\/1,73<sup>m2<\/sup> en el grupo de control. Esta diferencia no fue significativa. El resultado puede no haber sido independiente de la metodolog\u00eda de ensayo, seg\u00fan los autores [7].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img fetchpriority=\"high\" decoding=\"async\" class=\" size-full wp-image-13047\" alt=\"\" src=\"https:\/\/medizinonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/tab1_hp12_s38.png\" style=\"height:191px; width:600px\" width=\"1100\" height=\"351\"><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de beber lo suficiente, tambi\u00e9n es muy importante limitar el consumo de sal. La mejor forma de cuantificar la ingesta de sal es recogiendo orina durante 24 horas. Bas\u00e1ndose en esto, se puede calcular la cantidad de sodio absorbida. El hecho de que una elevada ingesta diaria de sal sea un posible factor de riesgo para el desarrollo de hipertensi\u00f3n arterial y enfermedades cardiovasculares se viene debatiendo desde hace tiempo [9]. En lo que respecta a la enfermedad renal cr\u00f3nica, se comprob\u00f3 emp\u00edricamente que durante un periodo de 48 meses la correlaci\u00f3n con la dependencia de di\u00e1lisis era menor con una ingesta de sal de &lt;6&nbsp;g\/d\u00eda, no se apreciaban diferencias importantes con 6-12&nbsp;g\/d\u00eda, pero con una ingesta diaria de sal de &gt;12g el riesgo de dependencia de di\u00e1lisis aumentaba significativamente [10].<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><img decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-13048 lazyload\" alt=\"\" data-src=\"https:\/\/medizinonline.com\/wp-content\/uploads\/2020\/02\/kasten_hp12_s39.png\" style=\"--smush-placeholder-width: 1100px; --smush-placeholder-aspect-ratio: 1100\/189;height:103px; width:600px\" width=\"1100\" height=\"189\" src=\"data:image\/svg+xml;base64,PHN2ZyB3aWR0aD0iMSIgaGVpZ2h0PSIxIiB4bWxucz0iaHR0cDovL3d3dy53My5vcmcvMjAwMC9zdmciPjwvc3ZnPg==\"><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Que la osmolaridad urinaria est\u00e1 asociada a una mayor necesidad de di\u00e1lisis lo demuestra un an\u00e1lisis retrospectivo de cohortes (n=273) en pacientes con enfermedad renal cr\u00f3nica (estadio 1-4) realizado por Plischke et al. 105 pacientes necesitaron di\u00e1lisis durante el periodo de seguimiento (92 meses). Tras el ajuste estad\u00edstico por factores demogr\u00e1ficos y de otro tipo (por ejemplo, aclaramiento de creatinina y diur\u00e9ticos), se descubri\u00f3 que una mayor osmolaridad de la orina era un factor de riesgo de dependencia de la di\u00e1lisis. La osmolaridad \u00f3ptima de la orina puede calcularse mediante una f\u00f3rmula <strong>(recuadro)<\/strong>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\nLiteratura:<\/p>\n<ol>\n<li>Sociedad Suiza de Nutrici\u00f3n (SGE): Recomendaciones nutricionales para los adultos mayores, www.sge-ssn.ch\/media\/Ern\u00e4hrungsempfehlungen_d_def.pdf<\/li>\n<li>Sociedad Alemana de Nutrici\u00f3n (DGE): Agua, dge.de\/science\/reference values\/water\/<\/li>\n<li>Mertens P: Mitos en nefrolog\u00eda. Presentaci\u00f3n de diapositivas Prof. Dr. med. Peter Mertens, Magdeburgo (D). Tutorial\/Foro de expertos, DGIM 5 de mayo de 2019.<\/li>\n<li>Strippoli GF, et al: Ingesta de l\u00edquidos y nutrientes y riesgo de enfermedad renal cr\u00f3nica. Nefrolog\u00eda (Carlton) 2011; 16(3): 326-334.<\/li>\n<li>Rebholz CM, et al: Patrones de bebidas consumidas y riesgo de enfermedad renal incidente. CJASN 2019; 14(1): 49-56.<\/li>\n<li>DGFN www.dgfn.eu\/wissenschaftsnews-details\/hoehere-trinkmenge-zum-schutz-der-nierenfunktion.html<\/li>\n<li>Clark WF, et al: Effect of Coaching to Increase Water Intake on Kidney Function Decline in Adults With Chronic Kidney Disease: The CKD WIT Randomized Clinical Trial. JAMA 2018; 319(18): 1870-1879.<\/li>\n<li>KDIGO: Directrices 2012, https:\/\/kdigo.org\/<\/li>\n<li>Oficina Federal de Alimentaci\u00f3n y Agricultura (BMEL): Resultados del estudio DEGS, www.bmel.de\/SharedDocs\/Downloads\/Ernaehrung\/Ergebnisse%20DEGS-Salzaufnahme.pdf;jsessionid=2E2E861F98424D603B373C4C17896386.2_cid376?__blob=publicationFile<\/li>\n<li>Vegher S, et al: Ingesta de sodio, inhibici\u00f3n de la ECA y progresi\u00f3n a ESRD. J Am Soc Nephrol 2012; 23(1): 165-173.<\/li>\n<li>Plischke M, et al.: Osmolaridad de la orina y riesgo de inicio de di\u00e1lisis en una cohorte de enfermos renales cr\u00f3nicos: \u00bfun posible objetivo de titulaci\u00f3n? PLoS One 2014; 9(3): e93226.<\/li>\n<\/ol>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em>PR\u00c1CTICA GP 2019; 14(12): 38-39<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En pacientes renales sanos, beber lo suficiente puede reducir el riesgo de disfunci\u00f3n renal. 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